Derechos
Opinión de Víctor Cortecero
“Parece que los derechos están hechos tan sólo para los malhechores, y no para la gente corriente”. Ese podría ser el resumen de varias de los comentarios que ha hecho el padre de Marta del Castillo a los medios de comunicación en relación a la desaparición y asesinato de su hija. Supongo que no será necesario que se explique quién era la niña Marta del Castillo, y mucho menos, que explique quién es su padre. Marta del Castillo podría haber sido una más entre los cientos de niñas que desaparecen o que son asesinadas cada año. En cambio la repercusión mediática que ha tenido este caso ha sido muy superior a la que tuvieron la inmensa mayoría del resto de casos. Por supuesto que su padre está en el derecho de organizar manifestaciones, de convocar constantemente a los medios de comunicación, de pedir audiencia con el Gobierno y con los líderes de la oposición. Su padre se ha convertido en una “víctima” influyente. Al igual que ha venido sucediendo con otras víctimas durante los últimos años, cuyo ejemplo más representativo quizás haya sido la Asociación de Víctimas del Terrorismo (A.V.T.), hay víctimas que quieren cambiar leyes, criticar al poder judicial, influir en las autoridades penitenciarias, etc.
Resulta llamativo de este hecho, no sólo las ideas que proponen sino sobre todo la forma.
En cuanto al contenido de las propuestas se podría poner como ejemplo la propuesta de que en ningún caso puedan llegar a coincidir alguna de las actuaciones del Estado con los objetivos de una banda terrorista, que tendría consecuencias tan evidentes como que la legislación se adecúe a los dictados del terror y sus mentiras. Por poner un ejemplo, si alguien quisiera que las parejas del mismo sexo no se pudieran casar, bastaría con que hubiera un acto de terror asociado por sus autores a la pretensión de que sí puedan casarse. A partir de este momento, según la teoría esgrimida por la A.V.T., la legislación no podría coincidir con las supuestas pretensiones de los terroristas, por lo que las parejas del mismo sexo no podrían casarse. ¿Hace falta quizás un número mínimo de actos terroristas previos antes de que llegue el momento de empezar a llevarles la contraria? También resulta llamativa la propuesta de cadena perpetua para ciertos delitos o que las penas no puedan rebajarse, resulta llamativa porque son simples declaraciones lanzadas desde un estado de rabia o de dolor ante un acontecimiento del que son víctimas, y no de un estudio sosegado sobre cuales son las medidas más adecuadas para conseguir que haya menos crímenes. Según estas teorías dos criminales que han cometido un mismo delito deben permanecer el mismo número de años en prisión independientemente de si uno de ellos sigue reivindicando desde prisión el acto que ha cometido, mientras que el otro muestra un sincero arrepentimiento, si ha pasado de ser semi-analfabeto a licenciado o si se ha demostrado que es una persona completamente diferente a aquélla que cometió el crimen 30 años atrás. No se discuten estos detalles, pero apenas se discuten tampoco el resto de consecuencias de estas ideas, doctrina jurídica, estudios sociológicos… Son ideas de consumo rápido lanzadas a la vorágine inmediata de los medios de comunicación de masas, quienes a su vez las transmiten por su impacto y por el gancho ante la audiencia. Si hay juristas, sociólogos, psicólogos que han estado durante años estudiando estas mismas materias tienen muchas menos probabilidades de salir en televisión en horario de máxima audiencia aportando sus propuestas.
Ésta es la forma de transmitir las ideas, desde programas del corazón –del “corazón dolido” deberían llamare ciertos programas-, desde noticiarios sensacionalistas, etc., no desde los ámbitos académicos, ni mucho menos desde los cauces legales para la aprobación de las normas. Incluso en algunos casos estas propuestas lanzadas de esta guisa han sido asumidas por algún partido político en plazos de tiempo récord, que se ha sumado a la corriente de apoyo popular o mediático que estas víctimas han provocado. Desde luego parecen formas más apropiadas para estudiar propuestas políticas los congresos, las comisiones parlamentarias, las consultas a órganos o instituciones pertinentes…, y no las trastiendas de los medios de comunicación o los cálculos electorales oportunistas.
El padre de Marta del Castillo está en su derecho de erigirse en defensor de los derechos de la gente corriente, o la A.V.T. puede ser la defensora de la toda la gente a la que no le gustaría ser asesinada, desde luego, con todos esos votantes potenciales y unas propuestas tan claras y con tanto eco, lo raro sería que no ganaran las elecciones el día que se presenten.
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